Yacimiento celtibérico de El Castellar
La noche la he pasado de pena; ha sido catastrófica. Un
dolor tremendo en el gemelo de la pierna derecha me ha tenido en vela casi todo el tiempo y apenas he podido pegar ojo. Aun así, como de costumbre, a las 6:30 h ya estoy en pie organizando las alforjas y el resto de los cachivaches.
Yacimiento celtibérico de El Castellar
Una vez que lo tengo todo más o menos controlado, salgo a dar una vuelta por el pueblo. Ayer llegué casi oscureciendo y no tuve tiempo de nada. Lo primero que hago es ir en busca del lavadero público para documentarlo, ya que anoche en la cena me indicaron dónde estaba. Después, recorro un poco la población y tomo algunas fotos.
Laguna de Gallocanta
De vuelta en el hostal, bajo la bici, las alforjas y el equipaje para dejarlo todo en la puerta. Me siento a desayunar y, una vez termino y pago, me quedo un poco helado... ¡Menuda clavada! Parece que he desayunado en el mismísimo Ritz.
Fuente y abrevadero. Berrueco
Ahora sí, empiezo a pedalear con destino a Berrueco por la carretera CV-634. Tras recorrer unos pocos kilómetros, me desvío a la izquierda unos metros para ver y fotografiar el yacimiento celtibérico de El Castellar, aprovechando también para tomar unas panorámicas de la laguna de Gallocanta.
Iglesia de la Asunción. Berrueco
Retrocedo esos metros para regresar a la CV-634 y, tras pedalear unos ocho kilómetros, entro en Berrueco. Aquí localizo su lavadero, lo documento y recorro el pueblo haciendo algunas fotos.
Panorámica. Gallocanta
Sigo la marcha por la misma carretera hasta pasar por el Centro de Visitantes de la Laguna de Gallocanta. Por desgracia, a esta hora está cerrado, así que tengo que conformarme con hacer unas fotos del exterior. El recorrido en este tramo es una auténtica maravilla: solo hay que mirar a la izquierda para deleitarse con la estampa de la laguna. ¡Impresionante!
Iglesia de San Pedro. Gallocanta
Doy cuatro pedaladas más y entro en el pueblo de Gallocanta. Callejear por su casco urbano me sirve para fotografiar lo más representativo y, de paso, sellar el salvoconducto. A la salida visito una zona recreativa equipada con bancos, barbacoas y juegos infantiles que cuenta, como colofón, con un lavadero que no dudo en documentar.
Entrando a Gallocanta
Retomo la etapa por la CV-634 hasta que, tras unos kilómetros, llego al cruce con la carretera A-211. Giro a la izquierda y, al alcanzar el enlace con la A-2506, me doy cuenta de un error garrafal: ¡estoy pedaleando en sentido contrario! Entre la ida y la vuelta acabo de regalar doce kilómetros extra a las piernas. ¡La madre que me parió!
Castillo de Used
Después de este despiste monumental, regreso al “buen camino” rumbo a Santed. Recorro la población casi sin bajarme de la bici, diviso el castillo desde lejos y poco más; cruzo el arroyo del Rayo y salgo del pueblo.
Lavadero. Valdehorna
Continúo por la A-211 afrontando unos repechos muy duros hasta coronar el puerto de Val de San Martín, que se las trae, aunque no esté indicado en lo alto. Desde allí, la bajada resulta mucho más cómoda hasta entrar en Val de San Martín. Aquí, al igual que en Santed, no veo gran cosa y ni siquiera encuentro dónde sellar el salvoconducto.
Ayuntamiento de San Martín del Río
La salida me recibe con fuertes subidas por la A-211. Tras unos kilómetros, me desvío a la derecha por la CV-308 hasta entrar en Valdehorna. Lo primero que me encuentro es su lavadero, que por supuesto pasa a mi colección. Me llama poderosamente la atención ver el pueblo lleno de vida: están en fiestas y lo celebran por todo lo alto. Al salir, paso junto al centro social, donde están de comilona, y me invitan amablemente a tomar un tentempié, un detalle que agradezco enormemente.
San Martín del Río
Mientras disfruto del bocado, los vecinos me comentan que si sigo el camino que nace junto al centro social llegaré directo al siguiente pueblo. Tras las indicaciones, me despido y emprendo la marcha. A estas alturas de la etapa, me doy cuenta de que el dolor del gemelo ha ido desapareciendo solo a lo largo del día, lo cual es un auténtico alivio.
Vía Verde Santander-Mediterráneo
Después de pedalear unos ocho kilómetros por pistas sin tener del todo claro por dónde voy, aparezco en San Martín del Río. Mi idea inicial era pasar por Villanueva de Jiloca, pero entre tanto camino vecinal me he despistado y he tomado la dirección equivocada. En cualquier caso, ya estoy aquí. Como no podía ser de otra manera, recorro la población, localizo el lavadero y le hago unas fotos. Unos metros más allá descubro el museo del vino “El Trasiego” y, junto al arroyo del Val de la Parra, la ermita del Buen Reposo.
Señalización. Vía Verde
Sigo la etapa enlazando con la Vía Verde Camino Natural Santander-Mediterráneo. Tras rodar unos cuatro kilómetros llego a Báguena. Nada más cruzar el puente sobre el río Jiloca, encuentro otro lavadero. Tomo unas fotos y me adentro en el centro urbano, donde contemplo la Casa Palacio, la Casa Calvo, las ruinas del castillo y el mirador astronómico.
Arroyo Val de la Parra
Retrocedo para volver a la Vía Verde. Solo tres kilómetros me separan de Burbáguena, que recorro sin contratiempos hasta llegar al antiguo apeadero; cruzo un pequeño puente y entro en la población. Paseando por sus calles veo el Palacio de Latorre, la Casa de Don Juan y los restos de su castillo. Para terminar, localizo el lavadero. Allí un vecino me pregunta si he visitado ciertos rincones; le cuento lo que ya he visto y, tras darme su aprobación, me recomienda encarecidamente continuar por la Vía Verde. Le explico que no entraba en mis planes, pero decido hacerle caso. Nos despedimos y vuelvo a la ruta.
Pedaleando por la Vía Verde
Ruedo plácidamente por la Vía Verde en dirección a Luco de Jiloca. Tras cinco kilómetros, la abandono al ver un cartel que indica el pueblo a 700 metros. En sus calles visito la Exposición del Cáñamo y la Vid y la Casa Grande. Aprovecho para tomar un refrigerio y charlar con unos vecinos que me indican la ubicación de un nuevo lavadero. Lo más importante es que me aconsejan cambiar de planes: me dicen que en vez de ir hacia Lechago o Cuencabuena lo más sensato es seguir directamente por la Vía Verde hasta Calamocha, que cuenta con todo lo necesario. Terminado el tentempié, salgo con ese rumbo.
Iglesia de la Asunción. Báguena
Siguiendo el sabio consejo local, regreso a la Vía Verde y descarto la idea de hacer el anillo de Montalbán. Ya solo me quedan unos ocho kilómetros para entrar en Calamocha. Lo primero que me da la bienvenida es el lavadero de Lanas y, justo al lado, un precioso puente medieval. Fotografía obligatoria para ambos.
Lavadero de Burbáguena
Una vez en el centro, me pongo a buscar alojamiento. Tras preguntar en varios sitios, encuentro sitio en el Hotel Lázaro. Me registro, pago y subo a la habitación con todo el equipaje, bicicleta incluida. Toca la rutina de cada tarde: organizarlo todo y darme una buena ducha. Hoy, como tengo mucha ropa sucia, pregunto por el servicio de lavandería. Parece mentira que, con la cantidad de lavaderos públicos que visito y documento, tenga que acabar recurriendo a una lavadora automática.
Señalización Camino de la Cruz de Caravaca
Tras un merecido descanso, salgo a visitar la población, que por cierto también está en fiestas. Lo primero es acercarme a la lavandería para hacer la colada. De vuelta en el hotel dejo la ropa limpia y ahora sí, doy un paseo tranquilo por la localidad para admirar sus casas solariegas, la basílica de Santa María, el museo del jamón y sus rincones más emblemáticos. Como están de celebración, el jolgorio es total; las calles rebosan de peñas cantando y bailando, así que aprovecho el ambiente para tomarme una cerveza y hacer algunas compras.
Vía Verde – Camino de Castilla
Ya de regreso en el alojamiento coincido con una cicloturista alemana que está recorriendo la Vía Verde Santander-Mediterráneo. Tras charlar un rato con ella, subo a la habitación para preparar la cena y, como manda la tradición, hago la foto de rigor para la sección de “Grandes Cenas Cicloviajeras”.
Puente Romano. Luco de Jiloca
Durante la cena, revisando los tracks en Wikiloc, me percato de que ha ocurrido el mismo fallo que ayer: la aplicación ha dejado de registrar correctamente en un punto y ha trazado una línea recta directa entre el cruce de la carretera A-2506 y Báguena. Esto significa que, además de no haber grabado el dibujo real de la ruta, los datos de kilometraje y desniveles de la aplicación están falseados y no son los reales.
Lavadero de Lanas. Calamocha
Para acabar el día, bajo a la cafetería. En el rincón más tranquilo y alejado del mundo, me acomodo para saborear un riquísimo café mientras termino de escribir estas notas.
Puente Romano de Calamocha
Iglesia Santa María la Mayor. Calamocha
Monumento a los bailadores. Calamocha
“Grandes Cenas Cicloviajeras”
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