Por fin ha llegado el día. Hoy arranca el viaje con el primer trayecto en autobús hacia Burgos. La jornada comienza muy temprano para ultimar los detalles. Mientras preparo el desayuno, repaso mentalmente todo el equipo; siempre me acompaña esa sensación de que, por mucho que revise, algo se me acabará olvidando.
Con el estómago lleno y todo bajo control, llega el momento de la logística: bajo las alforjas, saco la bici del trastero y lo preparo todo para salir hacia la estación. Una vez allí, toca el ritual del desmontaje: guardo las alforjas en una bolsa grande y empaqueto la bici en su propia funda.
A las 9:15 h, el autobús llega al andén. Cargo la bici y el equipaje en la bodega y el vehículo se pone en marcha. Hacemos una parada en La Gineta para comer algo rápido y reanudamos la marcha. Llegamos a Madrid sobre las 14:30 h, donde afronto las dos horas y media de escala antes de seguir hacia Burgos.
Al llegar a mi destino, el proceso se invierte: desempaquetar, montar la bici y ajustar el equipaje. Salgo de la estación pedaleando hacia el albergue de peregrinos, deteniéndome por el camino para hacer las primeras fotos. Tras registrarme e instalarme, una ducha reparadora me deja como nuevo para salir a pasear y cenar.
Después de patear lo más representativo de la ciudad, regreso al albergue donde, tomándome un café, escribo estas notas.
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