Mandayona (8 km) (hs) (862 m altitud)
Sigüenza (19 km) (Albergue y Hostel) (998 m altitud)
Barbatona (7,5 km) (lavadero)
Estriegana (5,5 km) (lavadero)
Alcolea del Pinar (6,5 km) (hs la piedra)
Alojamiento:
Hotel Alcolea
Datos de la etapa:
Km. Etapa: 56,33
Km. Total: 563,78
Tiempo en movimiento: 5 h 4 m
Tiempo total etapa: 7 h 0 m
Velocidad media: 12,7 km/h
Velocidad máxima: 36,0 km/h
Desnivel acumulado: + 771 m / – 397 m
Altitud máxima: 1.206 m
Altitud mínima: 817 m
Me levanto sobre las 6:30 h y lo primero que hago es bajar a recoger la ropa que dejé tendida. La subo al dormitorio, la doblo y la guardo en las alforjas junto al resto de los cachivaches. Después toca bajar todo el equipaje y montarlo en la bicicleta. Como ya me advirtieron ayer, aquí no abren hasta las 10:00 h, lo que significa que me tengo que poner en marcha sin poder desayunar.
Desde que salgo de Mandayona por la carretera CM-1101, el perfil no deja de subir. Hago una parada en la finca El Cerrillar para fotografiar la bandera que tienen en la entrada y, tras superar unos repechos importantes, llego a Sigüenza.
Nada más entrar, me sorprende ver que toda la población está tomada por la UME; están realizando maniobras de práctica y lo tienen todo patas arriba. Lo primero que hago es buscar un sitio para desayunar y luego me dirijo a la oficina de turismo. Allí sello el salvoconducto y me informan sobre los lugares de interés. Tras hacer algunas fotografías, abandono esta ciudad tan espectacular.
Sigo rodando por la carretera CM-1101 y afronto unos repechos tremendos, siempre cuesta arriba, hasta alcanzar Barbatona. Recorro esta pequeña población, donde documento un lavadero y hago fotos de lo poco que hay que ver.
La etapa continúa por la misma carretera, aunque ahora las subidas son más llevaderas. Tras pedalear unos seis kilómetros entro en Estriegana, donde lo primero que me encuentro es la zona de picnic donde nace el río Dulce, cuyas aguas alimentan al lavadero. Callejeo un poco y hago algunas fotos.
Ya solo me queda afrontar el último tramo del día que, de momento, está siendo bastante sencillo. Tras unos siete kilómetros llego a Alcolea del Pinar. Voy directo al ayuntamiento, donde me sellan el salvoconducto y me informan de que el hostal está cerrado; la única opción disponible es el hotel. Doy unas cuantas vueltas por el pueblo intentando visitar la Casa de Piedra, la Casa Museo de Máximo Rojo y el lavadero, pero resulta que todo está cerrado. Pregunto a unos vecinos que se interesan amablemente por mi situación, pero no logramos solucionar nada.
Finalmente desisto de las visitas y entro en un bar a tomar un tentempié. Allí me explican cómo llegar al hotel, con el inconveniente de que se encuentra al otro lado de la autovía y tengo que ir por la vía de servicio, que es un camino de tierra. Tras recorrer tres o cuatro kilómetros, llego a mi destino.
Una vez en el hotel, me registro y subo a la habitación. Organizo el equipaje, me doy una buena ducha y descanso un buen rato; hoy decido no lavar la ropa. Ya recuperado y con otro ánimo, vuelvo a coger la bicicleta para acercarme al pueblo, un trayecto que esta vez solo me lleva un par de minutos.
De nuevo en el pueblo, intento otra vez visitar la Casa de Piedra y los museos, pero vuelve a ser imposible. También trato de localizar a algún vecino que tenga la llave del lavadero, pero tampoco hay suerte. En resumen: no he podido ver nada de nada. En este ir y venir aprovecho para fotografiar lo más representativo de la localidad. Para regresar al hotel, decido acortar por un tramo de unos 300 metros en dirección prohibida y llego en un momento.
Tras dejar la bici, me acerco caminando al "Reino de Arturo", un gran espacio donde Arturo (el dueño del hotel) tiene pequeños huertos dedicados a familiares y amigos, además de toda clase de animales. Un lugar, sin duda, con mucho encanto.
Después de recorrer el espacio y charlar un largo rato sobre temas muy diversos con el hermano de Arturo, nos despedimos. Ya de vuelta en el hotel, organizo un poco el equipaje y bajo al comedor. A la hora de cenar, como ya es costumbre, hago la correspondiente foto para publicarla en las redes sociales dentro de mi sección “Grandes Cenas Cicloviajeras”.
Ahora, en un rincón tranquilo del restaurante y a solas conmigo mismo, escribo estas notas mientras saboreo un café.
VER 8.ª ETAPA


























No hay comentarios:
Publicar un comentario