Cambio de provincia
6ª Etapa – 20 de abril de 2026 / Retortillo de Soria / Matillas (102,12 km)
Poblaciones de paso:La siguiente parada es Romanillos de Atienza. Visito la población y fotografío sus rincones más representativos. Vuelvo a intentar desayunar, pero, como ocurre en la mayoría de los lugares que visito, no hay ningún bar abierto; los vecinos me comentan que tendré que aguantar hasta Atienza para poder hacerlo. Nada más salir del pueblo, encuentro una pequeña ermita y, justo enfrente, un lavadero.
Así pues, continúo pedaleando con el estómago vacío, pero con la energía suficiente como para no desfallecer. Paso de largo por Casillas y Bochones, recorriendo sus callejuelas casi sin parar y haciendo unas fotos rápidas antes de salir.
Después de pedalear unos ocho kilómetros, por fin llego a Atienza. ¡La recompensa del desayuno está cerca! Nada más entrar al centro histórico, paro en el primer bar que veo. A pesar de que ya es casi hora de comer, disfruto enormemente del desayuno. Con las fuerzas renovadas, sello el salvoconducto y dedico un tiempo a visitar la monumental ciudad y a hacer fotos.
Retomo la marcha rodando por la carretera CM-1001 en dirección a Naharros. Tras seis kilómetros entro en la población y me detengo ante la biblioteca para fotografiar una placa que recuerda la estancia del poeta Gerardo Diego en el pueblo. También aprovecho para retratar varios murales locales.
Continuo por la CM-1001 y, tras unos diez kilómetros, enlazo con la GU-1068 para entrar en Robledo de Corpes. Como suelo hacer, recorro el pueblo visitando lo más representativo, tomo un pequeño tentempié y sello el salvoconducto. Lo que menos me gusta de este tramo es tener que deshacer el camino y salir retrocediendo por donde he entrado.
Avanzo unos siete kilómetros por la misma carretera hasta llegar a Hiendelaencina. Recorro sus callejuelas, hago varias fotos, documento un lavadero y sello nuevamente el salvoconducto.
Sigo pedaleando por la ya conocida CM-1001, superando algunos pequeños repechos, hasta que a los ocho kilómetros entro en Congostrina. Recorro el pueblo sin cruzarme con nadie y, tras dar varias vueltas y hacer unas fotos, alguien me llama para preguntarme si necesito algo. Le explico que busco los lavaderos locales, ya que aparecen mencionados en un cartel informativo. Muy amablemente, se ofrece a guiarme y me los muestra, además de enseñarme otros rincones del pueblo. Creo que es la primera vez que alguien actúa de forma tan hospitalaria conmigo; lo habitual es que la gente observe discretamente detrás de las cortinas. Muchas gracias, Alberto. Tras documentar estos lavaderos y hacer unas fotos, me despido de él muy agradecido.
Mi siguiente destino es La Toba a través de la CM-1053. Tras cinco kilómetros llego al pueblo y, callejeando, encuentro un lavadero que documento de inmediato, además de fotografiar lo más destacado del lugar.
Salgo del pueblo por la misma CM-1053, aunque a los pocos kilómetros me desvío por un camino rural hacia Medranda. Una vez allí, completo el reconocimiento de la población, hago fotos y registro otro lavadero más para la colección.
Continúo rodando por la GU-159 y, tras unas pocas pedaladas, llego a Castilblanco de Henares. Callejeo por sus calles y, entre otras cosas, dejo documentado su lavadero.
La salida del pueblo me obliga a seguir por la misma carretera hasta enlazar con la CM-101. Aquí me encuentro con unos repechos muy importantes, pero logro superarlos y entrar victorioso en Jadraque.
Sin embargo, el tema del alojamiento en Jadraque resulta ser un fracaso total. Según mis notas, debe haber una pensión y un hostal en funcionamiento, pero la realidad es que no queda nada de nada. Me informan de que el sitio más cercano para pernoctar es Matillas. Intento buscar un lugar para acampar a las afueras, pero en ese preciso instante empieza a chispear, por lo que decido continuar la marcha.
Sin perder tiempo, ya que se está haciendo tarde, salgo por la carretera CM-1003 en dirección a Matillas. A los cuatro kilómetros paso por Bujalaro y paro a preguntar por si acaso hay algún alojamiento. Tampoco hay suerte, aunque aprovecho para recorrer el pueblo, ver su lavadero y tomar unas fotos. Desde aquí mismo llamo por teléfono al hostal de Matillas para asegurarme una habitación y, afortunadamente, me confirman que tienen disponibilidad.
Sigo pedaleando los últimos kilómetros que me separan de Matillas hasta que finalmente llego y me dirijo directo al hostal. Una vez en la habitación, procedo con mi rutina habitual: una buena ducha y, en esta ocasión, aprovecho para lavar la ropa en la lavadora. Tras descansar un buen rato, salo a dar un paseo por la población; aunque no hay gran cosa que ver, hago alguna foto y documento su lavadero.
De vuelta en el hostal, disfruto de la cena, saco la famosa foto de las "Grandes Cenas Cicloviajeras" para compartirla en las redes sociales y, ya mucho más relajado y saboreando un buen café, me pongo a escribir estas notas.


























No hay comentarios:
Publicar un comentario