Poblaciones de paso:
Hinojar de Cervera
Hortezuelos
Espinosa de Cervera
Caleruega
Arauzo de Torre
Peñalba de Castro
Coruña del Conde
Arandilla
Peñaranda de Duero
Casanova
Brazacorta
Alcoba de la Torre
Alcubilla de Avellaneda
Zayas de Báscones
Villálvaro
Matanza de Soria
San Esteban de Gormaz.
Casa rural El Rincón de Elena
Datos de la etapa:
• Km. Etapa: 99,88
• Km. Total: 239,36
• Tiempo en movimiento: 7 h 9 m
• Tiempo total etapa: 9 h 50 m
• Velocidad media: 15,2 km/h
• Velocidad máxima: 45,6 km/h
• Desnivel acumulado: + 685 m / – 832 m
• Altitud máxima: 1.144 m
• Altitud mínima: 851 m
Hoy me despierto sin el habitual murmullo ni el ruido de las bolsas del resto de peregrinos; he pasado la noche completamente solo en el albergue. Sobre las seis de la mañana ya estoy en pie organizando el equipaje. Una vez colocado todo en las alforjas y montadas estas en la bicicleta, salgo con la intención de desayunar. Sin embargo, la realidad es otra: está todo cerrado, por lo que me veo obligado a partir de Santo Domingo de Silos con el estómago vacío.
Comienzo la jornada pedaleando por la carretera BU-910 hasta que, tras unos kilómetros, me desvío hacia Hinojar de Cervera. Recorro esta pequeñísima localidad, hago unas fotos a una ermita y a un pilón, y retrocedo sobre mis pasos para volver a enlazar con la general.
Sigo rodando hasta tomar el desvío de la BU-V-9218-1 que me lleva a Hortezuelos. Como viene siendo costumbre, doy una vuelta por el pueblo y tomo algunas fotografías. La salida del municipio es de infarto: una subida tremenda me exige el máximo esfuerzo hasta coronar el Alto de Hortezuelos, a 1.137 metros de altitud. ¡Un auténtico disparate para empezar el día!
Continúo la marcha por la BU-910 hasta entrar en Espinosa de Cervera. Tras dar un paseo por sus calles, fotografío un lavadero y el chocante cartel de un bar. Lo curioso —y ya preocupante— es que sigo sin encontrar un solo lugar abierto para desayunar. Cruzo los dedos para tener más suerte en el siguiente pueblo.
Por fin, el milagro ocurre en Caleruega, aunque a un precio digno del mismísimo Ritz. Tras el ansiado desayuno visito la población, aprovecho para que me sellen el salvoconducto y charlo un buen rato con unos vecinos sobre lo divino y lo humano.
Reanudo la marcha por la carretera BU-922 y, unos siete kilómetros más adelante, llego a Arauzo de Torre. Aquí hago algunas fotos y entablo conversación con un vecino que resulta tener un apartamento en el Mar Menor, por lo que terminamos compartiendo impresiones sobre lo mucho que se disfruta el verano en esa zona. Antes de despedirse, me advierte de que me esperan dos fuertes repechos. Para mis adentros pienso: «Con lo bien que estábamos, ya te podías haber callado...»
//CLUNIA, UNA CIUDAD<IMPERIAL>Junto a la localidad de Peñalba de Castro, cerca de Coruña del Conde, se halla una de las ciudades más importantes de la antigua Hispania romana: Clunia, la ciudad llego a tener más de 30.000 habitantes; su teatro, excavado en roca, poseía una capacidad para 9.000 espectadores. Prueba de su importancia es que, en el año 69 d.c., Servio Sulpicio Galba se plocamó en ella emperador de Roma.//
Para entrar en Casanova se repite la misma historia que en el pueblo anterior: hay que desviarse unos cientos de metros de la ruta principal. Una vez dentro, recorro sus calles prácticamente sin bajarme del sillín y, al no ver nada de especial interés, regreso de nuevo a la carretera BU-934.
Continúo con rumbo a Brazacorta. Me resulta curioso comprobar que en los mojones de la carretera conviven dos épocas: los antiguos de piedra indican que voy por la BU-933, mientras que los modernos señalan la BU-934. Una contradicción que tiene su gracia.
Ya en Brazacorta, recorro el pueblo y lo más interesante que descubro es su lavadero. Justo al lado hay una zona de picnic con una edificación llamada "La Fragua", que intuyo que sirve como punto de reunión vecinal para disfrutar de las barbacoas.
Prosigo la marcha por la BU-933 (o la BU-934, según el mojón que uno elija mirar) hacia Alcoba de la Torre. Al cruzar el límite provincial y entrar en Soria, la carretera cambia de denominación para convertirse en la SO-934. Recorro sus calles vacías hasta dar con un lavadero que, por desgracia, se encuentra cerrado y no puedo ver por dentro. La población es minúscula y no ofrece mucho más al visitante.
Sigo pedaleando por la SO-934 durante unos cuatro kilómetros hasta llegar a Alcubilla de Avellaneda, donde doy una vuelta y fotografío una ermita y un lavadero en ruinas.
El viaje continúa ahora por la carretera SO-P-5004. Tras unos seis kilómetros paso por Zayas de Báscones; y digo "paso" porque la localidad se reduce a tres casas a cada lado de la calzada flanqueadas por algunas explotaciones agrícolas y ganaderas.
Mantengo el rumbo por la misma SO-P-5004 otros seis kilómetros hasta Villálvaro. Me adentro en sus callejuelas y localizo un lavadero, una fuente, la ermita de San Pedro y varias bodegas tradicionales.
Salgo rodando hacia Matanza de Soria por la misma carretera, que desde hace ya bastantes kilómetros coincide con el trazado del Camino de Santiago. Al entrar en el pueblo, me detengo un buen rato a charlar con un lugareño que se muestra muy interesado por mi viaje en solitario. Tras una agradable conversación, nos despedimos y reemprendo la marcha.
Afronto los últimos compases de la jornada y, por fin, tras rozar los cien kilómetros en las piernas, hago mi entrada en San Esteban de Gormaz. Lo primero que hago es acudir a la oficina de turismo, donde me sellan el salvoconducto y me facilitan información sobre alojamientos. Intento llamar a un hostal pero no obtengo respuesta, así que decido acercarme en persona; por desgracia, me confirman que están completos.
Nada más salir del hostal, la suerte se pone de mi lado y me encuentro con una tienda de bicicletas. Bueno, en realidad es un negocio de esos de pueblo en los que tienen de todo: ferretería, electrodomésticos... La dueña es una mujer encantadora y de lo más simpática que, además, gestiona el servicio funerario local y esa misma tarde tiene un entierro. Hago una parada forzosa allí porque por la mañana se me ha roto el portabidón donde guardo las herramientas. En un santiamén me instala uno nuevo y, conversando con ella, me comenta que tiene una amiga que me puede hospedar en su casa rural. Llama por teléfono al momento y me deja el alojamiento completamente solucionado.
Una vez instalado en la casa rural, y tras descargar las alforjas y tomar profesiones de la habitación, toca cumplir con el ritual sagrado de todo cicloviajero: una buena ducha reparadora y lavar la ropa de la etapa. Después de descansar un buen rato, salgo a dar un paseo para conocer a fondo la población, momento que aprovecho para cenar y publicar mis ya tradicionales “Grandes Cenas Cicloviajeras”.
De regreso en la casa, mucho más tranquilo y relajado, me preparo un café y, saboreándolo, escribo estas notas.







































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