Les Useres (9 km)
Mas d’Avall (7,1 km)
Costur (1 km)
La Foia (5,5 km)
Ribesalbes (10,3 km)
Onda (7,3 km
Espadilla (15,6 km)
Toga (2,2 km)
Torrechiva (3,1 km)
Cirat (9,2 km)
Alojamiento:
Albergue de Cirat
Datos de la etapa:
Km. Etapa: 77,38 km
Km. Total: 1.408,93 km
Tiempo en movimiento: 6 h 56 m
Tiempo total etapa: 9 h 45 m
Velocidad media: 12,9 km/h
Velocidad máxima: 44,1 km/h
Desnivel acumulado: +1.236 m / -1.238 m
Altitud máxima: 490 m
Altitud mínima: 168 m
Buenos días. Hoy, 2 de mayo, mientras Madrid recuerda su levantamiento contra las tropas francesas, yo me levanto como de costumbre sobre las 6:00 h. Lo primero es reorganizar el equipaje. Ayer, entre tanta niebla y lluvia, la ropa había quedado un poco húmeda; por suerte, ya está todo seco. Lo guardo en las alforjas, bajo a donde tengo la bici y, con todo listo, salgo hacia el restaurante para desayunar.
Durante el desayuno charlo con Marí. Le insisto en que, ya que me ha cedido la casa gratuitamente, al menos me cobre por haber lavado la ropa, pero me responde que no tiene ninguna importancia. Al final, he querido tener el detalle de dejar treinta euros de propina al pagar mi café con leche y la tostada de aceite. Sé que no es nada en comparación con su gran gesto, pero menos da una piedra.
Ahora sí, empiezo a pedalear. Salgo de la población por un carril peatonal paralelo a la carretera CV-165 y, por lo que veo, la jornada arranca con fuertes subidas. Tras recorrer unos diez kilómetros entro en Les Useres, una población que cruzo disfrutando de sus casas señoriales y donde aprovecho para documentar un lavadero.
Continúo la etapa hasta llegar a Mas d’Avall. Lo primero que me recibe es el Peiró de San Pere Mártir y, callejeando un poco, localizo otro lavadero junto a la fuente del pueblo. Salgo por la misma carretera por la que entré, adentrándome ya en la comarca de L’Alcalatén. Literalmente, a las tres pedaladas, entro en Costur.
En Costur recorro sus calles y, casi sin bajarme de la bici, diviso su lavadero. A la salida del pueblo intento hacer una parada en un bar, pero está cerrado; de hecho, a lo largo del paso por el pueblo apenas me cruzo con una pareja que iba paseando.
Unos pocos metros más adelante, el cielo se pone negrísimo. Cae una niebla tremenda y la amenaza de lluvia es inminente. Cuando empieza a chispear, decido parar en una marquesina de autobús para ponerme la ropa impermeable. Ya con el chubasquero y la capa puestos, intento dar unas pedaladas, pero la lluvia arrecia y me obliga a dar media vuelta para refugiarme de nuevo en la parada.
Tras esperar un buen rato y ver que amaina un poco, decido continuar. Sigue cayendo un leve chirimiri que te va calando poco a poco. Pasados unos cinco kilómetros pasados por agua, llego a La Foia. Aquí, al igual que en Costur, me toca buscar cobijo en la primera marquesina de autobús que encuentro, porque está lloviendo a cántaros. Tras más de media hora de espera, me animo a dar una vuelta por el pueblo: visito su lavadero y la iglesia de San Miguel, y termino parando en el teleclub para tomar un refrigerio.
Dejo atrás la población, que por cierto está en fiestas; muchas de sus calles estaban cortadas con las típicas barreras para la suelta de vaquillas. Retomo la marcha por la CV-190 hasta que entro "remando" a L'Alcora. Y lo de remando es casi literal: el agua cae a calderos y en algunas calles me cubre media rueda. Buscando dónde resguardarme, he ido a dar con el lavadero, y aquí estoy, esperando a que escampe un poco.
Después de más de una hora de espera, decido arrancar de nuevo. No es que haya dejado de llover, pero tengo que avanzar, que en el lavadero no me puedo quedar a vivir. Antes de irme hago unas fotos del interior; del exterior paso, para no mojar la cámara. Intento recorrer el centro urbano, pero es imposible ver nada con la que está cayendo, así que tengo que volver a resguardarme, esta vez en el centro de mayores.
Tras un rato charlando con los vecinos y tomando un café calentito, salgo en dirección a Ribesalbes. Recorro unos diez kilómetros bajo una cortina de agua y llego totalmente calado. Me refugio bajo los soportales del Ayuntamiento y aprovecho para quitarme la ropa de lluvia y colgarla en las rejas de las ventanas a ver si escurre algo. Mientras tanto, me preparo un bocata que me sabe a gloria mientras intento entrar en calor.
Pasada algo más de una hora, me vuelvo a poner la ropa de lluvia (que, como imaginaréis, sigue casi tan empapada como cuando la colgué) y vuelvo a la bici. Ahora pedaleo por la CV-191. La lluvia no da tregua: a ratos parece que va a parar y, de repente, vuelve a caer a cántaros. En estas condiciones es imposible visitar los pueblos de paso o sacar la cámara.
De esta guisa llego al desvío de Onda. Con el diluvio, decido saltármela, ya que supone un desvío de dos kilómetros de dura subida para luego no poder disfrutarla. Prefiero seguir pedaleando para no quedarme frío. Continúo rodando por la CV-20, empapándome hasta los huesos, hasta que unos kilómetros más adelante la lluvia afloja y aprovecho para desviarme a la ermita del Salvador.
Me meto bajo los soportales de la ermita, donde coincido con otras personas que también huyen del temporal. Comentamos el tiempo y lo mala compañera que es la lluvia para ir en bicicleta. Intento sacar alguna foto, pero al primer disparo la cámara se queda bloqueada. Al final, opto por usar el móvil para retratar una fuente y el lavadero que hay junto a la ermita.
Retomo la marcha por la misma carretera y, a los pocos kilómetros, vuelve a llover. Como ya llevo puesto el equipo de agua no tengo que parar, pero el problema es que, cuando llueve con tanta intensidad, da igual lo que lleves puesto: terminas calado igual. Es una verdadera pena que me esté haciendo este tiempo, porque los paisajes y los pueblos que voy cruzando son impresionantes.
Continúo pedaleando bajo el aguacero, lo que me obliga a pasar de largo por Espadilla. En el trayecto se me une un ciclista de la zona que me comenta que había salido a rodar, pero que con este tiempo se retira a casa. Compartimos unos cuantos kilómetros y pasamos rozando Toga, que también me toca saltarme. Unos metros antes de llegar a Torrechiva deja de caer agua. Me despido de mi compañero de ruta y aprovecho la tregua para tomarme una merecida cerveza con un bocata de morcilla en el pueblo. Charlando con unos vecinos, me indican que tienen un lavadero muy cerca, así que me acerco rápido a documentarlo antes de que vuelva a llover.
Nada más salir de Torrechiva empieza a chispear de nuevo; cruzo los dedos para que la cosa se quede solo en eso. Sigo por la CV-20. Hay que decir que desde Espadilla, además de la lluvia, me vienen acompañando repechos durísimos. Tras rodar los últimos nueve kilómetros, llego a Cirat completamente agotado. Y no tanto por las subidas, que también, sino por la paliza que supone aguantar tanta agua cayendo encima. Llego empapado. Pregunto a unos vecinos por el alojamiento y encuentro rápidamente el albergue. Tengo la inmensa suerte de pillar a las propietarias justo comiendo; me reciben amablemente, me entregan la llave y me dicen que me instale.
Ya en la habitación, saco todo del equipaje e improviso un tenderete para colgar la ropa mojada. Con todo más o menos organizado, me doy una buena ducha. Hoy toca saltarse la colada porque no hay forma de que se seque nada. Tras descansar un buen rato, y viendo que la lluvia da un respiro, salgo a visitar la población. En el albergue me habían dado las indicaciones para encontrar el lavadero, que por supuesto documento, y sigo paseando por las calles para descubrir la Torre de los Condes de Cirat y la iglesia. Finalmente, me siento un rato en la plaza de San Isidro a tomarme una cerveza.
De regreso al albergue, subo a la habitación para echarle un vistazo a la ropa, pero sigue igual de mojada. Bajo al comedor y, aunque es muy temprano, me meto entre pecho y espalda un buen banquete que me hace las veces de "comida-merienda-cena", ya que en todo el día solo he tirado de picoteos. Con la cena servida, preparo la foto de rigor para la sección de “Grandes Cenas Cicloviajeras”. Más tarde conozco a Juandi, un cicloturista que también se aloja aquí y que, como yo, está recorriendo el Camino del Cid. Nos pasamos un buen rato charlando sobre nuestras idas y venidas. Al despedirnos, bromeamos diciendo que mañana quizás ni salgamos, pues sigue lloviendo y el pronóstico anuncia temporal fuerte para el día siguiente.
Como habréis podido notar, el apartado fotográfico de hoy ha sido un auténtico desastre. La lluvia no me ha permitido hacer todas las que me hubiera gustado; he disparado poco, y casi todo a lavaderos.
Llega por fin la hora más esperada del día, sobre todo tras una jornada tan agotadora y pasada por agua como la de hoy. Me busco un pequeño rincón tranquilo para sentarme a escribir estas notas mientras saboreo un magnífico café.
VER 19.ª ETAPA













Cada vez tengo más claro que esa bicicleta está "hechizada" pero una manera un tanto peculiar: el hechizo se activa solo cuando sales de la Región de Murcia. Prueba a echarle unas gotas de agua bendita de alguna de las iglesias que visita a ver si se apacigua: parece que lleves la nube atada al sillín jejeje. Yo con el agua no me llevo mal porque soy gallego afincado en Murcia desde 2011 por lo que viene con el ADN pero la electricidad y el agua nunca se han llevado bien, así que desgraciadamente cuando hay previsión de agua, la bicicleta no sale: me cuesta menos quitarle el polvo que las estalactitas que genera el barro de acá. Ánimo que al final siempre termina escampando. Para la cámara suele haber fundas protectoras como las que se usan para grabar en los ríos dentro del agua (pero suelen ser para cámaras de acción y supongo que la tuya no es de esas sino ese tema ya lo tendrías resuelto). Un saludo.
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