Navapalos (4km)
Vildé (5,5km)
Gormaz (9,5km)
Quintanas de Gormaz (4km)
Aguilera (10,8km)
Berlanga de Duero (4,6km)
Paones (5,5km)
Brías (7km)
Nograles (4,5km)
Sauquillo de Paredes (4km)
Retortillo de Soria (7km).
Alojamiento:
Albergue de Retortillo
Datos de la etapa:
• Km. Etapa: 79,14
• Km. Total: 405,33
• Tiempo en movimiento: 6 h 33 m
• Tiempo total etapa: 8 h 31 m
• Velocidad media: 13,1 km/h
• Velocidad máxima: 50,0 km/h
• Desnivel acumulado: + 941 m / – 607 m
• Altitud máxima: 1.291 m
• Altitud mínima: 869 m
Con las energías bien cargadas tras este suculento desayuno, salgo pedaleando por la carretera SO-160. Tras recorrer unos pocos kilómetros, me desvío por la SO-P-4123 con destino a La Rasa. Por allí ya pasé ayer, pero hoy me toca cruzarla rumbo a Navapalos. La mañana se presenta espléndida o, como diría mi gran compañero de anteriores viajes, Pedro Ruiz: ¡estupenda! Hace un poco de fresco, pero siempre es preferible eso a ir sudando.
Cruzo La Rasa casi de puntillas, sin detenerme. Lo que sí llama la atención es su enorme finca de manzanos; es verdaderamente gigantesca, no sé cuántos kilómetros tendrá, pero perfectamente podría rondar los diez, si no me quedo corto. Curiosamente, justo donde termina la finca, han instalado lo que se conoce como un "hotel de insectos": un refugio artificial construido con materiales naturales y reciclados que protege a los insectos de las inclemencias del tiempo y les ofrece un lugar seguro para hibernar o reproducirse. Me da en la nariz que alrededor de la plantación debe de haber varios más.
Sigo pedaleando, cruzo el río Duero y tomo el desvío por la carretera de Navapalos hasta entrar en la aldea. ¿Qué decir de ella? Es un lugar prácticamente abandonado. La mayoría de las casas están derruidas y solo una pequeña parte parece estar habitada o frecuentada; al menos eso deduzco al ver algunas placas solares. Lo que en los mapas se indica como una atalaya islámica no es más que un cerro acondicionado con mesas, sillas y hasta algún sofá. Además, para mi sorpresa, hay varios coches aparcados a la orilla de la carretera.
Dejo atrás este extraño paraje y continúo por la SO-P-4228 enfrentándome a fuertes subidas. Me detengo en una especie de mirador para hacer unas fotos; desde aquí se aprecia la inmensidad de la finca de manzanos, así como las siluetas de La Rasa y las casas en ruinas de Navapalos. Reanudo la marcha entre duros repechos hasta coronar lo que parece el punto más alto. Allí paro un momento para ponerme el cortavientos, ya que las bajadas suelen ser traicioneras con el frío.
Por fin alcanzo Vildé tras un encadenamiento de repechos que me ha parecido un no parar. Recorro el pueblo y aprovecho para fotografiar su frontón y un lavadero, entre otros rincones. Me detengo a conversar con un vecino y, al preguntarle por Navapalos, me resume la situación: es uno de tantos pueblos abandonados de la zona, solo que ahora está ocupado por un grupo de gente joven, "hippies".
Retomo la etapa rodando por la misma carretera, la SO-P-4228, hasta llegar a un cruce donde giro a la izquierda siguiendo las indicaciones del Camino del Cid. Ahora pedaleo por la SO-P-4126 con la mirada puesta en Gormaz. Sin embargo, a los pocos metros, una señal del camino me desvía a la izquierda por una pista de tierra que cruza un pequeño puente peatonal. Al otro lado, sigo las marcas de la ruta hasta salir a la carretera SO-160. En este punto veo la señalización hacia Quintanas de Gormaz, pero ni rastro de la de Gormaz, que era mi destino inmediato. Diviso el imponente castillo en lo alto, pero no encuentro la manera de acceder al pueblo. Al final, para no dar más rodeos, desisto y continúo directamente hacia Quintanas. Como curiosidad, uno de los carteles de tráfico indica que El Burgo de Osma queda a 14 kilómetros... ¡y mi cuentakilómetros ya marca 25!
Decido no complicarme la vida y sigo hacia Quintanas de Gormaz por la SO-P-4140. Una vez en el pueblo, localizo un lavadero que ya había documentado en el año 2008. Justo enfrente, al otro lado de la carretera, se encuentran las antiguas escuelas unitarias, que aún conservan los carteles que separaban a los alumnos por géneros: NIÑAS / NIÑOS. Hoy en día, el edificio se ha reconvertido en el Museo de la Resina.
Tras visitar lo más representativo, salgo de la población por la misma SO-P-4140 en dirección a Aguilera. A los pocos cientos de metros llego a un cruce que me genera dudas: hacia un lado señala El Burgo de Osma (de donde vengo) y hacia el otro Almazán. Opto por tomar la dirección a Almazán por la CL-116. Un poco más adelante me encuentro con dos indicaciones contradictorias: una marca Berlanga de Duero a 7 km y Aguilera a 2 km, mientras que otra señala Berlanga a tan solo 4 km. Como es lógico, yo sigo fiel a mi ruta hacia Aguilera por una carreterita que, para colmo, está en obras.
Ya en el pueblo, recorro sus calles, hago unas fotos de su lavadero y poco más. Sigo el consejo de unos vecinos para salir de allí; me recomiendan tomar la carretera SO-P-4138 porque el camino de tierra está en muy malas condiciones. La carretera tampoco es que sea una maravilla debido a las obras, pero es lo que hay. En este tramo me cruzo con dos cicloturistas y nos saludamos con la mano al pasar.
Termino de sufrir esta horrorosa calzada y llego a un cruce donde giro a la izquierda por la SO-P-4137 en dirección a Berlanga de Duero. Ya solo quedan unos tres kilómetros, pero se presentan con un repecho tremendo que me hace sudar la gota gorda.
Una vez en Berlanga de Duero, subo al castillo para sellar el salvoconducto y hacer unas fotos. Justo detrás de la fortaleza se encuentran los antiguos lavaderos, los cuales dejo debidamente documentados. Aprovecho para recorrer la población y tomar un necesario tentempié. Mientras charlo con unos vecinos, me advierten que "me agarre los machos", porque lo que viene por delante son fuertes repechos. Según me comentan, me esperan unos catorce kilómetros de duras subidas. Ya os iré contando.
Salgo de Berlanga por la carretera SO-P-4132 y, tal como me habían anunciado, el terreno se vuelve exigente con unas cuestas de órdago. Por si fuera poco, empieza a fraguarse una tormenta tremenda; el cielo no para de rugir con truenos y relámpagos, aunque miro a mi alrededor y no veo nubes de lluvia inminente. En fin... cosas del tiempo. Y para rematar, afronto otro repecho de los buenos.
//a la casa de Berlanga posada presa han.//
Por fin dan un respiro las subidas (de momento) y entro en Paones. Toca relajarse un poco, así que doy un paseo por el pueblo, documento otro lavadero y tomo unas cuantas fotografías.
Continúo la etapa por la SO-P-4135 pensando ingenuamente que las cuestas habían terminado. Nada más lejos de la realidad: acabo de coronar una subida de infarto y ya diviso otra a lo lejos. Tras superar estos obstáculos entro en Brías. El tiempo se ha vuelto espantoso y empiezo a plantearme seriamente sacar el equipamiento de agua. Mientras deambulo por sus calles, localizo un par de lavaderos y fotografío una ermita. Es en ese preciso instante cuando decido ponerme la ropa de lluvia, ya que empieza a chispear con fuerza.
Salgo de Brías por la misma carretera, pero ahora bajo una intensa tromba de agua. Para más Inri, los repechos son continuos y durísimos. Entro en Nograles buscando desesperadamente un lugar donde guarecerme, pero, caprichos del destino, en cuanto llego deja de llover y tampoco encuentro ningún sitio idóneo para refugiarme.
Dejo atrás Nograles casi sin ver nada a mi alrededor, rodeado de agua por todas partes. Cambio de rumbo hacia la SO-160, extremando las precauciones debido a las grandes balsas que se forman en el asfalto y, para no perder la costumbre, encarando notables subidas. Paso rozando Sauquillo de Paredes, pero decido de largo no entrar; el día no está para entretenimientos. Cuanto antes llegue a Retortillo, mejor.
Por fin alcanzo Retortillo de Soria, eso sí, calado hasta los huesos. Aunque en este momento ha dado una tregua, la amenaza del cielo es más que evidente. Justo a pie de carretera me topo con el albergue, pero está completamente desierto. Doy una vuelta por los alrededores y localizo a un vecino que me indica con quién debo contactar. Voy para allá y hablo con el marido de la hospitalera. Mi gozo en un pozo: me dice que el albergue está cerrado porque su mujer está enferma y no pueden darme alojamiento.
Resumiendo para no extenderme demasiado: al ver que empezaba a diluviar de nuevo, el hombre compadeció mi situación y habló con su esposa. Tras una pequeña discusión entre ellos, finalmente accedió a dejarme quedar, eso sí, previo pago. El gran detalle de este buen hombre fue que, al no haber tiendas ni bares abiertos en el pueblo, me trajo un tarro de sopa casera y unas piezas de fruta. Ahora toca la rutina de cada etapa; eso sí, hoy la ducha he tenido que sustituirla por toallitas húmedas y la colada tendrá que esperar a mañana.
Después de organizar todo el equipaje, preparar la cama con el saco de dormir y descansar un rato, aprovecho un claro en el cielo para salir a visitar la población. Para mi sorpresa, el pueblo cuenta con tres lavaderos, los cuales quedan perfectamente documentados, además de fotografiar los rincones más representativos del lugar.
Ahora sí, mucho más tranquilo, relajado y disfrutando de la serenidad de estar a solas conmigo mismo, me preparo un café y, mientras lo saboreo, escribo estas líneas.
































Quinta etapa... y como no.... la lluvia hace su aparición. Me has asustado cuando dices lo de las "balsas de agua", por la impotencia de estar en medio de la nada, sin sitio donde cobijarse, en medio de la nada. No sé yo si esa bici atrae naturalmente al agua o está "hechizada" porque no hay aventura donde no te caiga diluvio. Y tengo la sensación de que no va a ser en este viaje la única vez... Un saludo.
ResponderEliminarHola Alfonso, muchas gracias por pasarte a comentar.
EliminarTienes toda la razón; a estas alturas, creo que la bici está "hechizada". Me parece increíble cómo atraigo las nubes en cada viaje. Respecto a las "balsas de agua" sí, efectivamente son esos grandes charcos que te dejan desamparado en mitad de la nada, y mucho me temo que, tal como dices, esta no será la última vez que me tenga que enfrentar a ellas.
Aun así, mantengo el optimismo: estoy seguro de que vendrán etapas que harán buena a esta y donde el tiempo finalmente me dé una tregua. ¡Gracias por seguir la aventura!
Revisando el track de tu ruta, veo que atraviesas zonas donde hay antiguas estaciones de tren (hay puntos en los que cortas el antiguo trazado), al parecer era la antigua línea Valladolid-Ariza y según la IA (téngase entre algodones porque me fío lo justo de ella) hay planes para convertirla en Vía Verde
ResponderEliminarHola, Alfonso. Gracias de nuevo.
EliminarNo es la línea Valladolid-Ariza. Se trata de la Vía Verde Camino Natural Santander-Mediterráneo. Es una ruta que estoy conociendo bien, ya que voy pedaleando por muchos de sus tramos.
Salud y pedal!
La del Santander-Mediterráneo va por Soria, bastante más arriba del track de hoy (viéndola en la web de Vías Verdes). La que te digo de Valladolid-Ariza (en esa web no sale), te pilla desde La Rasa, Quintanillas de Gormaz y Antigua Estación De Ferrocarril De Berlanga De Duero (al pasar el Puente Ullán) y haciendo zoom en Google Maps se puede apreciar su trazado bastante bien, con los restos de sus puentes de hierro. Sino me lo borra Google, te pongo enlace a vídeo de Youtube correspondiente a esta parte de tu track:
ResponderEliminarhttps://youtu.be/RIe2kXqbuUY?si=87LdXmMwApTbDC6R&t=507
Un saludo.
Es fácil la confusión pues parece que es como si fuese una bifurcación. En esta imagen se ve más claro:
ResponderEliminarhttps://www.amigos-ferrocarril-villalba.es/s/cc_images/teaserbox_11952619.jpg?t=1577716719
Tienes razón, Alfonso. Muchas gracias por la aclaración y por compartir esa información tan detallada; ha sido un error por mi parte al identificar la vía. ¡Gracias por estar tan atento!
ResponderEliminar¡Salud y pedal!